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Rewilding: devolviendo los ecosistemas a su estado salvaje

Hoy os traemos un estudio recién salido del horno donde un grupo de científicos nos cuenta los beneficios de restaurar los ecosistemas hacia un estado salvaje. Es muy probable que la mayoría conozcáis el caso de la reintroducción del lobo en Yellowstone. Pues bien, se trata de un ejemplo paradigmático de esta práctica de restauración, conocida como rewilding, la cual pretende recuperar las poblaciones de grandes vertebrados, conectar territorios y devolver la naturalidad a nuestros paisajes. Sin embargo, no todo son ventajas. Esta práctica tiene sus detractores debido al posible riesgo social que entraña la presencia de animales grandes o despoblar amplias zonas. De esta manera, en este estudio, los autores nos cuentan cómo podríamos implementar planes efectivos para aplicar la filosofía del rewilding y minimizar los posibles efectos negativos sobre las poblaciones y actividades humanas.

 

Los autores de este estudio, publicado en la prestigiosa revista Science, pertenecen a centros de investigación de varios países, entre los que se incluyen varios centros españoles como la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC), el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA) y la Universidad de Alcalá.


Un mundo más cómodo y seguro pero mucho más frágil
Vivimos en un planeta domesticado. El ser humano, en busca de un mayor bienestar, ha transformado gran parte del planeta, reduciendo su componente salvaje hasta el punto de comprometer seriamente el funcionamiento de los ecosistemas. Por poner un ejemplo, casi el 40% de la superficie del planeta libre de hielo la ocupan ahora tierras de cultivo. Aunque es cierto que hoy en día vivimos en un mundo más cómodo y seguro (es menos probable ser atacado por una manada de leones), esta pérdida de hábitat y de conectividad entre las zonas naturales es uno de los motores que está causando la desaparición de muchas especies y, por lo tanto, una de las causas de la crisis ambiental actual. Además, muchas especies grandes, sobre todo de depredadores, como el lobo o el león, se han eliminado del paisaje al considerarse un peligro para el ser humano y sus actividades económicas (ej. ganadería). En consecuencia, muchos ecosistemas se han deteriorado debido a que estos organismos de gran tamaño son fundamentales para mantener la biodiversidad y aportan servicios imprescindibles como el control de plagas o la transmisión de enfermedades, entre otros muchos beneficios que nos ofrecen.

Para revertir esta situación, las administraciones públicas comenzaron a proteger una serie de áreas naturales con la idea de crear “santuarios” de naturaleza que albergaran una representación suficiente de la biodiversidad del planeta. Sin embargo, cada vez resulta más evidente que estas áreas protegidas no son eficaces a la hora de preservar la biodiversidad y el funcionamiento de los ecosistemas a largo plazo.

Rewilding: rumbo hacia lo salvaje
El rewilding es un tipo de restauración pasiva que pretende favorecer la evolución de los ecosistemas de manera que se adapten a su entorno sin intervención humana, en contraposición a lo que tradicionalmente hemos hecho: intervención activa de zonas protegidas o restauradas (reforestación o caza controlada de algunas especies, por ejemplo). Para ello, los autores destacan que las medidas de restauración deben de ir encaminadas a favorecer los procesos naturales que proporcionan a los ecosistemas la capacidad de resistencia y recuperación, y que, por tanto, mantienen la biodiversidad.

En primer lugar, la presencia de animales con una gran variedad de tamaños y tipos de alimentación favorece procesos naturales que aumentan la productividad y la diversidad del ecosistema. Sin embargo, como decíamos, el miedo a los depredadores y a sus efectos sobre el ganado, nos ha llevado a eliminarlos de muchas áreas. En muchos casos, se ha observado que la pérdida de grandes depredadores puede causar efectos negativos, como la reducción de biomasa y diversidad vegetal, debido a la proliferación de herbívoros. Además, las zonas más humanizadas se caracterizan por la supresión de perturbaciones naturales como incendios o inundaciones, procesos que, aunque obviamente son dañinos para el ser humano a corto plazo, pueden llegar a ser muy beneficiosos a largo plazo, porque favorecen la diversidad y la sostenibilidad de los ecosistemas en zonas despobladas. Por último, como vimos recientemente en EM, la actividad humana limita el movimiento de muchos animales debido a la presencia de infraestructuras y zonas humanizadas. El rewilding busca incrementar la presencia de “autopistas naturales” para la vida salvaje que les permita repoblar zonas favorables y aumentar su diversidad genética y su funcionalidad.

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Fuente: ecomandanga.org